Hanal Pixan, una tradición muy viva

Hanal Pixan, una tradición muy viva

por Julieta Del Toro

Cada año en México, del 30 de octubre al 2 de noviembre, en todas las regiones del país se lleva a cabo una de las celebraciones populares con más arraigo y tradición que recuerda con alegría a quienes ya no están en este mundo, el Día de muertos.

Mezcla del legado indígena y las prácticas religiosas que trajeron los españoles en la época de la Conquista, el recordar a nuestros seres queridos ya fallecidos es todo un acontecimiento lleno de folclor; música, colores, aromas, y sabores que enaltecen el espíritu.

 

Los antiguos mayas tenían la creencia de que después de morir había nueve inframundos a los que iban de acuerdo a la forma en cómo habían muerto y en los que permanecían durante un año. A partir de ese momento, sus almas se adaptaban a otro lugar, una especie de mundo paralelo llamado Xibalbá (lugar de los que se desvanecen) desde el cual podían ir y venir.

 En Riviera Maya, el banquete de las ánimas, Hanal Pixan, como se le conoce a esta fiesta, tiene su propio estilo. Desde 1992 en el parque de Xcaret se realiza para conmemorar la ocasión, Puente al Paraíso, un panteón con 365 tumbas de colores brillantes y materiales diversos que representan los días del año  y de acuerdo a sus características, una región del país. Además, se colocan los típicos altares de muertos en donde se honra la memoria de personajes públicos y gente de la comunidad. Se decoran con papeles de colores, velas, flores y se coloca la comida y bebida favorita del difunto además de acompañar con la música de su predilección; esto con la creencia de que la noche del 1° de noviembre, el ánima vendrá y compartirá con sus seres queridos vivos.

Veredas anaranjadas formadas con pétalos de la flor de cempasúchil, indican al muerto el camino a seguir desde su tumba hasta su altar para que no se pierda ni de ida ni de vuelta. Ocho días después se celebra el Bix, en donde se invita a los difuntos a regresar el año siguiente, para esta celebración se vuelven a preparar los alimentos para que las ánimas se lleven su itacate, comida para su viaje de regreso al más allá.

 Todo es vida y la muerte es parte de ella, no es el final sino el inicio de la eternidad.

 
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